Nuestra Historia

El cachorro es una empresa de origen familiar.

Cuentan las lenguas antiguas… que allá por el año 1954 un joven llamado Francisco Pozo, Paco para los amigos, el cuarto en descendencia de cinco hermanos, que a la temprana edad de 15 años tuvo que dejar los estudios para ayudar a su familia ante la delicada situación económica que atravesaban.

Da sus primeros pasos en este gremio en la calle Juzgado por las mañanas y por las tardes en la fonda del Espumarejo en la Macarena, donde aprendería a hacer pan a mano y a cocerlo en horno de leña. Al ser una persona inquieta y emprendedora, con el paso de los años decide con un amigo suyo montar una sociedad y alquilan una panadería en Alcalá de Guadaira desde donde traían el pan fabricado en el tren, para más tarde repartirlo con su burro Valentino por Sevilla.

Al volver de la mili, se independiza y coge el traspaso de una pequeña panadería, para lo cual tuvo que vender su moto, era una de sus pasiones. Con la ayuda de su mujer Ana María quien sin saber de números ni cuentas se tuvo que hacer cargo de un pequeño despacho en la calle Duque de Montemar, para la venta del pan que su marido fabricaba. Aquí nace su primer hijo Antonio, ahora doble trabajo: sacar adelante una familia y el trabajo en el despacho. Gracias al cariño y empeño que ponían pudieron seguir adelante con mucha fatiga y muchos sudores, siempre con una premisa : “buen pan y cocidito.” Como a él le gusta.

De allí paso a la calle Procurador en Triana, de donde sacaría el nombre que en la actualidad tiene la panadería El Cachorro, al hallarse esta muy cerca de la capilla del Cristo de la Expiración, vulgarmente conocido en Triana como El Cachorro y tenerle mucha devoción. Allí nacieron sus otros dos hijos, Francisco y José Manuel.

Tener  tres hijos varones 
Que están viviendo en sus glorias
Mientras yo me alimentaba
De papas y zanahorias….”

Esta poesía es la que siempre dice cuando habla de sus hijos con su compadre Joselito. Ellos se han hecho cargo de la empresa en la actualidad: Antonio en la parte administrativa, Francisco en la Confitería y José Manuel en la Panadería, siempre bajo los consejos y supervisión de sus padres, los cuales les han inculcado el amor por estos oficios tan sacrificados y a la vez tan bonitos.

Gracias a toda una vida de muchas noches sin dormir, mucho sudor y muchas lágrimas en cada madrugada, ahora nace una nueva generación, inquieta y luchadora.

Trabajamos siempre con las mejores materias primas del mercado, para la elaboración de nuestros productos, intentando adaptarnos a nuestros clientes, manteniendo la calidad a buen precio para ganarnos su confianza, mejorando constantemente, renovándonos día a día y luchando para que no se pierda esta tradición. “Considerado por nuestra clientela como uno de los mejores panes y roscos de reyes de Sevilla. “

IMPREGNANDO SEVILLA DE OLOR Y SABOR A BUEN PAN.

 

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